sábado, 30 de abril de 2011

Algo contra la soledad

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Algo contra la soledad
By admin | abril 29, 2011
Los humanos necesitan pertenecer a algo, a un colectivo social, a una manada, les da igual; lo importante es pertenecer. Y es muy difícil aquilatar la importancia objetiva del colectivo al que se decide pertenecer; quiero decir que la etnia puede ser mucho menos importante que la camiseta que le han puesto a uno. Se ha comprobado que la ostentación de las señas de un equipo, por ejemplo, borra el sentimiento racista que provocaba la imagen de una persona de color.
Aunque cueste creerlo, resulta que lo más importante para los humanos es pertenecer a alguien y, cuando esto falla, cuando no se pertenece a nadie porque a uno no le dejan, cuando a uno lo encierran solo, se asfixia. Lo que no soportamos es la soledad. “Doctor, ¿me puede dar un remedio para la soledad?” es una pregunta rara vez formulada y, sin embargo, sentida por multitud de jóvenes desamparados, mayores sin casa, moradores de hospicios y lugares de asilo. “Doctor, ¿me puede dar un remedio para la soledad?”. La gente no lo dice, no lo piensa, pero lo siente. Ahora, la ciencia acaba de descubrirnos que este sentimiento de soledad no es un subproducto de la depresión, sino que constituye un entramado patológico por sí solo.
Saciar la demanda de relaciones sociales es imprescindible para mantener una buena salud mental y física. La soledad debiera ser una de las bestias a abatir del entramado sanitario, un objetivo específico, en lugar de ser un añadido de terapias consideradas esenciales como la lucha contra la depresión. Tan importante o más que la depresión es la soledad, que, además, es distinta. Los médicos y farmacéuticos solo se ocupan de la depresión atiborrando a la gente de fármacos que no están debidamente comprobados ni en la demora o plazo de su efecto, ni en el tipo de daño que, supuestamente, eliminan ni, por supuesto, en sus efectos secundarios; casi todos, malos. Si de la depresión sabemos poco y mal, a pesar de los esfuerzos prolongados por profundizar en su naturaleza, de la soledad todavía sabemos menos. Los psicólogos y neurólogos tan solo están empezando a desentrañar sus efectos.
La necesidad de pertenecer comprende un deseo avasallador de formar y mantener, por lo menos, una cantidad significativa de relaciones interpersonales. Lo absolutamente nuevo en la medicina que está aflorando es la inserción de la soledad en el ámbito más amplio de las redes sociales, así como la aceptación de la necesidad universal de pertenecer a un colectivo que experimentan los humanos, sobre todo, los jóvenes.
Resulta que toda la pasión, el pensamiento y la acción de muchísima gente son el resultado del impulso para evadir el aislamiento causado por la disolución del clan familiar, la pérdida de los amigos del trabajo, el amor del resto del mundo. Detrás de todo lo que hacen, piensan o dicen los ensimismados está el pánico a la soledad. Pese a la diversidad de culturas, religión, sexo, idiomas o edad, resulta que los humanos lucen similitudes sorprendentes, como la necesidad de amor y, para recabarlo, el rechazo tajante de la soledad.
Durante muchos años, no solo no nos ocupamos de la soledad, sino que la enaltecíamos. Si salías adelante solo, sin consultar con los demás, profundizando en tu propio universo, conociendo como nadie tus propios intestinos, eras merecedor de todos los elogios. No sabíamos casi nada del cerebro; no teníamos ni idea de que no se podía aprender sin el cerebro de los demás, que solo los perversos podían ignorar los sentimientos de los otros, de que estabas condenado si no pertenecías a nada ni a nadie. Que lo peor era la soledad.

jueves, 28 de abril de 2011

Decir adiós a tiempo

Decir adiós a tiempo
By admin | abril 27, 2011
El amor es uno sólo y no merece la pena seguir junto a quien no nos ama. No tengamos pues, miedo a dar el paso a finalizar una relación que no funciona, porque por mucho trabajo y esfuerzo que pongamos en ello, si los cimientos de la relación no son buenos, eso se acaba pagando. Es mejor ser valiente y saber decir adiós a tiempo, incluso si esa persona parecía ser hasta el día de hoy “toda tu vida”. Siempre tienes opción a escoger tu futuro, nunca tienes la obligación de seguir con tu pareja actual soportando lo que no mereces. Tu vida continúa, puede que esa persona fuese “toda tu vida” hasta el día de hoy, pero el mañana no está escrito, y aún quedan muchos capítulos por escribir…
Sólo es un capitulo… no lo olvides.
Fuente: Shoshan

lunes, 25 de abril de 2011

No te aferres

By admin | abril 24, 2011
Estos períodos: pasado, presente y futuro, no son períodos en el tiempo. Son períodosen la mente.
Aquello que no está más frente a la mente, se vuelve pasado. Aquello que está frente a la mente es el presente y aquello que va a estar frente a la mente es el futuro.
El pasado es aquello que no está ya más frente a ti. El futuro es aquello que no está aún frente a ti. Y el presente es aquello que está frente a ti y se está escurriendo ya de tu vista. Pronto será pasado…
No te aferres al pasado… porque aferrarse al pasado es una estupidez absoluta: ya no está más ahí, así que estás llorando por la leche derramada. Lo que se fue, ¡se fue!.
No te aferres al presente porque éste también se va a ir y pronto será pasado.
No te aferres al futuro: esperanzas, imaginación, planes para el mañana, porque el mañana se volverá hoy y se volverá ayer. Todo se va a volver un ayer. Todo se te va aescapar de las manos. El aferrarse simplemente traerá sufrimientoTendrás que soltarte.

sábado, 23 de abril de 2011

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martes, 19 de abril de 2011

Salir adelante

Salir adelante

By admin | abril 19, 2011
La vida no es siempre un camino de rosas. A lo largo de nuestro ciclo vital nos encontramos con muchas situaciones desagradables, vivencias traumáticas y malos momentos. Es en esas circunstancias en las cuales debemos esforzarnos más para sacar de lo más recóndito de nuestra alma la fuerza para superar ese tipo de situaciones. Una de las peores cosas que podemos  hacer cuando surgen los problemas es adoptar la postura fatalista aduciendo que la vida es así y adoptar una actitud conformista. En esos momentos en que debido a la situación nos encontramos alicaídos es cuando más fuerte debemos luchar para poder seguir adelante en nuestro camino.
Muchas personas, o mejor dicho casi todas las personas, en ese tipo de situaciones límite desarrollan algún tipo de trastorno mental pasajero: depresión, ansiedad, stress, sentimientos de estar solos en el mundo. Otra de las respuestas más habituales ante situaciones que nos desbordan es el miedo. El miedo puede llegar a provocar que nos encontremos paralizados ante el problema. En situaciones extremas ese miedo se puede transformar en ataques de pánico. La primero medida que tenemos que adoptar cuando percibamos que debido a las situaciones que vivimos desarrollamos algún tipo de problema psicológico es analizar fríamente la situación en la cual nos encontramos y decirnos a nosotros mismos que vamos a luchar contra ese miedo que nos atenaza.
Tras haber decidido que vamos a hacer frente a ese miedo es actuar. El mismo hecho de tomar una pauta de comportamiento para solucionar el problema hace que la confianza en nosotros mismos suba muchos enteros. La acción también es muy importante para poder superar trastornos depresivos. Estas acciones muchas veces lo que provocan es un cambio de comportamiento del sujeto y hacen que el mismo encuentre nuevas vías para resolver sus problemas. Otros beneficios de la acción es que evita que la persona que se siente deprimida siga martirizándose con sus pensamientos que son los que al fin y al cabo están provocando su angustia o depresión.

lunes, 18 de abril de 2011

La alegría de una llegada

La alegría de una llegada

Carta semanal del Arzobispo de Tarragona
para el domingo 17 de abril de 2011

Los evangelistas, al narrar la vida de Jesús, parece que hagan la crónica de un viajante. Jesús no permanecía mucho tiempo en un mismo lugar, como si se diera prisa por anunciar su mensaje divino a todas las gentes de Palestina. Se le ve andando de un lado para otro: acude a Caná de Galilea, a Cafarnaún y las ciudades del lago, visita con cierta frecuencia a una familia amiga de Betania, vuelve a Nazaret, cruza de Galilea a Judea deteniéndose en un pozo de Samaria… incluso resucitado hace camino hacia Emaús.

En el Domingo de Ramos celebramos uno de sus recorridos, el más impresionante: cuando acude a Jerusalén, como otras veces en la Pascua judía, pero en esta ocasión para morir en esa ciudad cumpliendo así el designio salvador del Padre eterno.

Jerusalén era una gran ciudad del imperio romano. Los historiadores deducen que podía tener unos 100.000 habitantes, aunque con la llegada de peregrinos por la Pascua podía alcanzar los 300.000. Sus majestuosos palacios se erguían sobre la colina; pero, por encima de todos, el gran Templo proyectado por Herodes el Grande, que en aquel tiempo estaba en obras, aunque muy avanzadas.

Fijémonos en la escena de esta última entrada de Jesús en la ciudad que tanto amaba, sobre la que había llorado pensando en su futuro. Benedicto XVI nos dice: “No llega en una suntuosa carroza, ni a caballo, como los grandes del mundo, sino en un asno prestado”. Un asno, la humilde cabalgadura de los labriegos, pero era el modo en que cumpliría la vieja profecía de Zacarías: “No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado sobre un pollino de asna” (Za 9,9).

El reino de Cristo —dice también Zacarías— es de paz que “se extiende de mar a mar”. Es una forma de decir que es un reinado universal, pero a nosotros, vecinos del Mediterráneo, nos puede servir estos días para pedir al Señor por la paz de los países que baña este mar, tan alterados en los últimos tiempos por circunstancias bélicas.

Son días de oración y de alegría. Fijémonos con qué júbilo recuerda la Iglesia el Salmo 24: “¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas, va a entrar el Rey de la gloria”. Y el pueblo, como haciéndose eco de este llamamiento al júbilo exclama, con letra del salmo 121: ¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”!

Podría objetarse: ¿A qué viene celebrar con tanta alegría la entrada de Jesús en Jerusalén, como si no supiéramos qué pasó a continuación? Es cierto, lo sabemos: fue crucificado y padeció hasta la muerte; pero la historia no termina aquí: al tercer día resucitó y, gracias a su entrega, todos fuimos redimidos. El amor venció a la muerte. Por eso el Domingo de Ramos es un día de gran alegría que todos hemos vivido desde pequeños cuando, acompañados por nuestros padres, llevábamos también palmas en la mano, como si quisiéramos unirnos a aquella primera procesión.

Hoy podemos hacer el propósito de vivir muy cerca de Cristo esta Semana Santa. No será una más. El amor nunca es repetitivo.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y Primado

Mn. Manel

Escrito por Ecclesia Digital   
lunes, 18 de abril de 2011
Nota del Arzobispado de Barcelona
A raíz de unas manifestaciones públicas de Mn. Manuel Pousa i Engroñat contenidas en un libro sobre su persona, el Sr. Cardenal Arzobispo, Dr. Lluís Martínez Sistach, el 16 de marzo de 2011 designó como delegado episcopal al Rvdo. Mn. Xavier Bastida Canal, vicario judicial emérito del Arzobispado, y a dos asesores, el Rvdo. Mn. Joan Benito Tolsau, vicario judicial del Arzobispado, y el Rvdo. Mn. Ramon Batlle Tomás, miembro del Tribunal Eclesiástico del Arzobispado, para realizar un procedimiento administrativo establecido por el canon 1341 del Código de Derecho Canónico.
Dado que estos miembros han concluido con la debida certeza que, a tenor del canon 1329, dicho sacerdote no ha incurrido en la censura de excomunión latae sententiae establecida por el canon 1398, por no haber concurrido en la intención del delito y por no haber tenido complicidad principal en los abortos ya totalmente decididos y llevados a cabo por dos chicas en situación económica muy precaria. De acuerdo con las conclusiones de este procedimiento administrativo, y dado el escrito del secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 15 de octubre de 2009, en el que decía que “este Dicasterio, después de haber examinado las respuestas transmitidas, considera que el Rvdo. Pousa no parece haber incurrido en ninguna pena canónica”, el Sr. Cardenal ha comunicado al citado sacerdote que no ha incurrido en esa censura latae sententiae, y reitera a Mn. Pousa que el trabajo que hace al servicio de los más pobres y marginados de la sociedad lo realice siempre de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, con su doctrina social y respetando toda vida humana desde su concepción hasta la muerte natural.

Misa Crismal

Se trata de una celebración relacionada directamente con el Jueves Santo, pero que por razones prácticas -la posiblidad de que participen en ella todos cuantos más sacerdotes diocesanos posible, por su peculiar relación con la comunión del presbiterio diocesano- suele celebrarse en los días anteriores de la Semana Santa. Es la misa de la renovación de las promesas sacerdotales y de la bendición de los oleos sagrados que al termino de la misa los párrocos recojen para llevar a las parroquias, desde donde administrarlos para la recepción de los sacramentos del bautismo, la confirmación y la unión de los enfermos.

La Misa Crismal que celebra el obispo con todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.


El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos.

La palabra crisma proviene de latín: chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra este Jueves Santo por la mañana para ungir a los nuevos bautizados y signar a los confirmados. También son ungidos los Obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental.

La liturgia cristiana ha aceptado el uso del Antiguo Testamento, en el que eran ungidos con el óleo de la consagración, los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa "el ungido del Señor". El crisma se hace con aceite y aromas o materia olorosa para significar "el buen olor de Cristo" que deben despedir los bautizados.

Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo. Este aceite es un jugo untuoso de color verde amarillento que se extrae del olivo o de otras plantas.

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús.

Por lo general antes de comenzar la celebración de la Cena del Señor se reciben solemnemente estos Santo Óleos consagrados en la Misa Crismal celebrada en la mañana por el Obispo reunido con el presbiterio. En una procesión solemne los óleos son llevados en tres ánforas preciosas que se guardan en un lugar previamente destinado dentro de la Iglesia.

Refugio

De refugio en refugio: unas horas en la Buhardilla

    
Etiquetas: Guerra civilSacerdocio
El 9 de agosto de 1936, San Josemaría fue a alojarse en la casa de Manolo Sainz de los Terreros, que vivía en la calle Sagasta, 31 (años más tarde, Sagasta 33). Esa misma tarde se presentó también allí Juan Jiménez Vargas. La familia de Manolo se hallaba de vacaciones y éste vivía solo con Martina, una anciana sirvienta, sorda y calmosa. Los dos nuevos huéspedes hubieron de permanecer en absoluta clandestinidad, a todos los efectos, sin que supiesen nada de ellos los demás vecinos y menos aún el portero, responsable, ante el comité político de las casas, de la entrada o salida de residentes. Así, pues, habían de moverse con cautela y sigilo, para no levantar sospechas. Manolo o Martina hacían la compra, dejando entrever a terceros que aquella era comida para dos personas, aun cuando fuesen cuatro bocas a la hora del reparto. Manolo, hombre decidido e impetuoso, no era sujeto que se amilanase fácilmente; pero desde que a finales de julio se habían llevado a su hermano a la cárcel la casa estaba fichada. Por entonces los registros comenzaban a ser metódicos. A los dos días de vivir allí el Padre con Manolo, volvieron a presentarse los milicianos en otro de los pisos, donde anteriormente habían detenido al conde de Leyva.

En el piso de Sagasta vivía el Padre muy aislado, sin otra compañía que la de Juan, pues Manolo imponía a los huéspedes su decisión de mantener a toda costa el incógnito, y no recibir visitas. Un día, suspendiendo tan excesiva reserva, Manolo les presentó a dos refugiados del piso de abajo, pero sin revelar a éstos el carácter sacerdotal de don Josemaría. Aunque no fue necesario que lo hiciese. Vista la familiaridad con que don Josemaría trataba los temas religiosos, le identificaron prontamente, que es lo que el sacerdote pretendía, por si necesitaban de su ministerio. Uno de ellos —Pedro Mª Rivas, abogado madrileño entonces, y más tarde, religioso— refiere que «se le veía en aquellos días de la guerra con gran paciencia y mucha paz de espíritu».

Gustaban los visitantes de la conversación de don Josemaría, por lo que frecuentemente subían al piso de Manolo a charlar con él. En caso de alarma los huéspedes tenían muy ensayados los pasos a dar. En cuanto se oía un timbrazo a la puerta los refugiados se retiraban hacia la escalera de servicio. Mientras tanto, Martina se preparaba a abrir, cachazudamente, sin prisas. Valiéndose de su sordera, retenía a los visitantes, sin dejar a nadie pasar de la puerta. Si era gente de peligro, la señal convenida era levantar mucho la voz, de manera que los visitantes se identificaran, dando tiempo a los huéspedes para ganar la escalera de servicio y subir a las buhardillas.

El 28 de agosto Manolo trajo a casa un primo suyo, llamado Juan Manuel. El domingo, día 30, le pusieron, por la mañana, al corriente de las precauciones tomadas en caso de registro. Hicieron un ensayo, sin prever cuán oportuno resultaría. Pocas horas más tarde, cuando estaba Manolo fuera de casa y Martina preparando la comida, se oyeron grandes voces por la escalera, y a poco sonó el timbre. Se retiraron cautelosamente los tres —el Padre, Juan y Juan Manuel— hacia la escalera de servicio mientras Martina, con calma, se dirigía a la puerta. Los milicianos intentaban entrar diciendo que iban a hacer un registro, y Martina los retenía gritando, muy en su papel de sorda: — «Aquí no hay nadie. Soy sorda. No oigo nada».
Buhardilla donde estuvo san Josemaría unas horas en agosto de 1936
Buhardilla donde estuvo san Josemaría unas horas en agosto de 1936

Por la escalera de servicio subieron los tres a las buhardillas y entraron en la primera que hallaron abierta. Aquello era un espacio reducido que hacía de desván y carbonera. Andaban agachados porque la altura no daba para tenerse de pie. A primeras horas de la tarde el calor se hacía asfixiante. Sentados entre polvo, telarañas y carbonilla, se mantenían inmóviles en espera del desenlace. Cualquier ruido podía delatarles y, si eran descubiertos, lo más probable era que los fusilasen. Varias horas llevaban de espera, cuando oyeron que estaban ya registrando en el piso inmediatamente debajo de la buhardilla. El Padre, en la duda de si Juan Manuel, que llevaba escasamente dos días con ellos, se había enterado o no de que era un sacerdote, le dijo: — Soy sacerdote. Y luego, dirigiéndose a ambos, a Juan y a Juan Manuel: — Estamos en momentos difíciles, si queréis, haced un acto de contrición y yo os doy la absolución.

Recibió Juan Manuel la absolución. Instante que dominó todos sus recuerdos de aquella época: — «No he podido olvidar mi encuentro con don Josemaría —confiesa—, ya que todos pensamos que eran los últimos momentos de nuestra vida [...]. Supuso mucha valentía decirme que era sacerdote ya que yo podía haberle traicionado y, en caso de que hubieran entrado, podía haber intentado salvar mi vida, delatándolo».

Apenas recibida la absolución, preguntaba Juan al Padre:
—Y si nos cogen, ¿qué ocurrirá?
—Pues, hijo mío, que nos vamos derechos al Cielo.

(Aquí, en sus memorias, hace Juan una importante digresión sobre la imprecisa cualidad de su miedo, aclarando que no era, específicamente, el temor a ser fusilado, sino que experimentaba una sensación incierta, que no le robaba la paz. «Con el Padre allí estaba seguro de que no había nada que temer, y para contribuir al ambiente de seguridad —nos explica— a las tres de la tarde me dormí un rato»).

Mientras, entregado a tan altruistas propósitos, dormía a pierna suelta, los milicianos registraban concienzudamente la casa: de arriba abajo y de abajo a arriba. Tan a fondo, que no tuvieron tiempo de llegar a las últimas buhardillas. Hacia las nueve de la noche cesaron, por fin, los ruidos. Cautelosamente bajaron los tres por la escalera y llamaron a la puerta de servicio del cuarto piso, izquierda, casa de los condes de Leyva. Les abrieron. Venían sudorosos, sedientos y tiznados de polvo y carbonilla. Pidieron un vaso de agua. Allí les contaron que Manolo había vuelto a casa en pleno registro y se lo habían llevado detenido, cerrando el piso con llave.

Les ofrecieron unas camisas del conde, que estaba en la cárcel, mientras les lavaban las suyas. Generosamente les invitaron a quedarse en el piso, pues era de esperar que por un tiempo no hubiera nuevos registros. Se equivocaron. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, ya estaban de nuevo los milicianos sobre la pista, continuando meticulosamente el suspendido registro de la víspera. Entraron en el piso de al lado, el cuarto derecha, y en el de abajo. «A ratos —cuenta Mercedes, hija del conde de Leyva— pasábamos un miedo horroroso, pero el Padre —de todas formas— conservaba el buen humor, haciéndonos reír muchísimo, aunque pensaba mucho en los suyos». En una de esas ocasiones de peligro la condesa propuso rezar el Rosario. Rápidamente intervino el Padre: Lo llevaré yo, que soy sacerdote. En vista de la persistencia en los registros de aquella zona, se vieron obligados a cambiar de refugio.

Del Libro El Fundador del Opus Dei, tomo II, Madrid, 1999, cap. IX, 2

sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.
En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria - anamnesis - de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Liturgia de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración. Con una evocación que no puede dejar de ser actualizada.
Vamos con el pensamiento a Jerusalén, subimos al Monte de los olivos para recalar en la capilla de Betfagé, que nos recuerda el gesto de Jesús, gesto profético, que entra como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías. .
Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, de forma abierta y sin subterfugios aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.
San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: "Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto".
Palabras con una extraña evocación de las mismas que anunciaron el nacimiento del Señor en Belén a los más humildes. Jerusalén, desde el siglo IV, en el esplendor de su vida litúrgica celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Y la cosa gustó tanto a los peregrinos que occidente dejó plasmada en esta procesión de ramos una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.
Con la liturgia de Roma, por otro lado, entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.
Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en el madero la nueva semilla que debe empujar el remo evangelizador de la Iglesia en el mundo.
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Este es el evangelio, esta la nueva noticia, el contenido de la nueva evangelización. Desde una paradoja este mundo que parece tan autónomo, necesita que se le anuncie el misterio de la debilidad de nuestro Dios en la que se demuestra el culmen de su amor. Como lo anunciaron los primeros cristianos con estas narraciones largas y detallistas de la pasión de Jesús.
Era el anuncio del amor de un Dios que baja con nosotros hasta el abismo de lo que no tiene sentido, del pecado y de la muerte, del absurdo grito de Jesús en su abandono y en su confianza extrema. Era un anuncio al mundo pagano tanto más realista cuanto con él se podía medir la fuerza de la Resurrección.
La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado pascua florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.

viernes, 15 de abril de 2011

Una sociedad enferma

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Una sociedad con varios millones de parados, que mata impune y sistemáticamente a sus hijos más inocentes, que administra la justicia según los colores políticos, que miente con descaro y desde las más altas instancias, que viola los pactos más sagrados, que fomenta el odio y el enfrentamiento entre sus miembros, que impide el ejercicio libre de la religión, que destruye la inocencia de los niños desde su más tierna edad, que azuza las pasiones de los jóvenes, que niega que haya acciones buenas y malas con independencia de tiempo y circunstancias, que convierte la escuela en un instrumento ideológico y el poder político en trampolín para el enriquecimiento personal y el medro de los suyos, que se empeña en no tener hijos, en una palabra, una sociedad cuarteada en sus estructuras básicas y removida en sus cimientos éticos es una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad.

Felicidades, Santo Padre Benedicto XVI: 84 años de edad, seis años de Papa

Felicidades, Santo Padre Benedicto XVI: 84 años de edad, seis años de Papa.
Escrito por Redactora   
viernes, 15 de abril de 2011
El sábado 16 de abril Benedicto XVI cumple 84 años y el miércoles 19 de abril, seis tras su elección como Papa. FELICITA AL PAPA BENEDICTO XVI A TRAVÉS DE ECCLESIA DIGITAL. Hazlo en nuestros comentarios, al final de esta información.
Joseph Ratzinger nació en la Baja Baviera el 16 de abril de 1927. Fue ordenado sacerdote al servicio de la archidiócesis de Múnich-Frinsinga en 1951 –va a cumplirse el día de San Pedro y San Pablo 60 años-, fue profesor de Teología en varias universidades alemanas.
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Fue ordenado obispo en 1977 como arzobispo de Munich-Frisinga y un después fue creado cardenal. En 1983 el Papa Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En 2002 fue elegido decano del colegio cardenalicio.
El 19 de abril de 2005 fue elegido Papa en sustitución de Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril de 2005, tomando el nombre de Benedicto XVI. Es autor de numerosos libros, el último de ellos la segunda parte de Jesús de Nazaret.
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